La historia
Había once mil llaves sobre la mesa y dijimos que no.
01.La cuenta que nadie quería hacer
México tiene alrededor de cuarenta y ocho mil propiedades de hospedaje registradas. Y esa cifra es la conservadora: debajo hay otro país entero de cuartos que nunca entraron a ningún censo, posadas que se heredan sin papeles, casas que se volvieron hotel sin avisarle a nadie.
En los destinos donde operamos hoy —que no son todos, todavía— las propiedades disponibles para venderse en línea rondan las veintiséis mil. Y conviene detenerse en la palabra: propiedades, no habitaciones. Cada una arrastra sus cuartos, sus pisos, sus llaves, sus temporadas altas y bajas. Detrás de esa cifra hay cientos de miles de camas.
Podíamos publicarlas todas. Es lo que hace todo el mundo: se conecta el catálogo, se enciende el buscador y al día siguiente eres una plataforma con inventario nacional. Nadie pregunta qué hay dentro de cada renglón.
Publicamos catorce mil setecientas cuarenta y nueve.
La resta duele: cerca de once mil propiedades que estaban ahí, disponibles, con fotos bonitas y precios competitivos, y que nunca vas a ver en yaReserva. No fue un error de integración. No fue que se nos olvidara. Hay una función en nuestro código, escrita a propósito, que las mira una por una y las descarta.
Se llama, sin ninguna poesía, `AcceptAsLodging`. Y su trabajo es distinguir un hotel de una casa.
02.Lo que dejamos fuera, con nombre y apellido
Apartamentos. Villas. Condominios. Chalets. Casitas. Casas de vacaciones. Cabañas de renta completa. Todo lo que en la industria se llama, con un eufemismo perfecto, «alojamiento alternativo»: el departamento del quinto piso que alguien vació de vecinos para llenarlo de maletas.
No dejamos fuera a los pequeños. Al contrario. En nuestro catálogo hay mil ciento veintiún casas de huéspedes, cuatrocientas cincuenta y cuatro posadas de alojamiento y desayuno, cuatrocientos sesenta y cinco albergues para mochileros. La posada familiar de nueve cuartos en Pátzcuaro está. El hostal de Oaxaca donde duermes en litera está. La casona convertida en hotel boutique en San Miguel está.
Lo que no está es el departamento.
Un hotel pequeño es un negocio. Un departamento vaciado es una vivienda menos.
03.Seis de cada diez
Hay un número que teníamos guardado en el código, en un comentario que solo leen los programadores, y que hoy conviene poner sobre la mesa. Es el que mejor explica en qué se está convirtiendo el hospedaje en México.
De las cuarenta y seis mil seiscientas ochenta y siete propiedades que hoy pueden venderse en línea en el país, veintisiete mil ochocientas sesenta y tres son apartamentos, villas, condominios y casas de vacaciones. Casi seis de cada diez. No es una tendencia emergente ni un nicho de moda: ya es la mayoría del inventario mexicano.
Dicho de otro modo. Si mañana abrieras un buscador de hospedaje en México sin ningún criterio, más de la mitad de lo que le mostrarías a un viajero no sería un hotel. Sería la casa de alguien. O, con más precisión, la casa que fue de alguien.
Y la proporción va a seguir creciendo, porque levantar un hotel toma años, licencias, capital y una idea de país. Convertir un departamento en hospedaje toma una tarde y un juego de llaves.
04.Por qué duele esta decisión
Seamos honestos, que para eso escribimos esto. Once mil propiedades no son once mil habitaciones: son once mil direcciones completas, con todos sus cuartos dentro. Es un catálogo entero, más grande que el de muchas plataformas que llevan años operando, y lo tiramos a la basura antes de encender el buscador.
Son búsquedas que hoy terminan en «no encontramos nada» cuando alguien busca en un pueblo donde solo hay casas en renta. Son comisiones que no cobramos. Son clientes que se van a otra pestaña y a veces no vuelven.
Cualquier consultor te diría que es una locura. Que el mercado manda. Que el viajero quiere cocina y lavadora. Que si no lo vendes tú lo vende el de al lado.
Tiene razón el consultor. Y aun así.
05.Lo que pasa en la cuadra cuando llega la maleta
Vale la pena decirlo despacio, porque el mecanismo es sencillo y por eso nadie lo mira.
Un edificio tiene doce departamentos y doce familias. Alguien hace una cuenta: rentado a un vecino, ese departamento deja equis al mes. Rentado por noche a turistas, deja tres veces equis. No hay ninguna maldad en esa cuenta. Es aritmética, y cualquiera de nosotros la haría.
Entonces el vecino del 5B no renueva contrato. Después el del 3A. Después el dueño del edificio entero decide que ya no vale la pena tratar con inquilinos que se quejan de la humedad. Y una mañana descubres que en tu edificio ya nadie sabe cómo te llamas, que el elevador huele a maleta nueva, y que el señor que vendía tamales en la esquina cerró porque su clientela se mudó a treinta kilómetros de ahí.
Nadie decidió eso. Todos hicieron su cuenta. El barrio se vació igual.
Pasó en la Roma y en la Condesa. Pasó en el Centro de Oaxaca. Está pasando en Tulum, en San Miguel, en Mérida, en cualquier lugar de México donde el metro cuadrado empezó a cotizarse en dólares por noche. No hace falta que nos creas: pregúntale a alguien que lleve quince años viviendo ahí cuánto pagaba de renta en 2015 y cuánto le piden hoy.
06.Ciudades que ya dijeron basta
No somos los primeros ni los más valientes. Somos los últimos en llegar a una conversación que las ciudades llevan años teniendo.
- Barcelona anunció el fin de las licencias de alquiler turístico de vivienda: miles de departamentos deberán volver al mercado residencial.
- Nueva York endureció el registro obligatorio hasta volver casi inviable el alquiler completo de corta estancia.
- Ámsterdam, Berlín, Lisboa, París: cada una con su versión de lo mismo, unas con límite de noches, otras con licencias por sorteo.
- Ciudad de México ha ido y venido con reglas de estancia mínima y registro, entre protestas de vecinos que ya no encuentran dónde vivir en su propia colonia.
Ninguna de esas ciudades es antiturismo. Todas descubrieron lo mismo: que el turismo que expulsa residentes acaba matando lo que el turista venía a ver. Nadie viaja a la Condesa para ver otros turistas.
07.De dónde somos, y por qué aquí eso pesa
yaReserva es mexicana. No lo decimos como etiqueta de portada ni como argumento de venta: lo decimos porque es la única forma de entender una decisión que a cualquier inversionista de fuera le parecería un suicidio comercial.
Y vamos a decirlo sin diplomacia, aunque incomode: no queremos ser el canal por el que alguien compra un pedazo de este país para después pedirle que baje la voz. Si el precio de crecer rápido es ese, crecemos despacio.
En Mazatlán pasó algo que deberíamos llevar tatuado. Durante generaciones el malecón y las playas se caminaron con banda: tambora, clarinete, tuba. Esa música no es un adorno para el turista, es la manera en que ese puerto se ha contado a sí mismo desde antes de que existiera el turismo. Después llegaron las torres de condominios. Llegaron vecinos nuevos, muchos de fuera. Llegaron las quejas por ruido. Y llegó el día en que hubo que discutir en serio dónde y a qué hora podían tocar los músicos en su propia ciudad.
Léelo otra vez, despacio. Alguien compró un departamento frente al mar porque le encantó Mazatlán, y lo primero que pidió fue que Mazatlán se callara.
Que quede claro, porque aquí es fácil sonar a lo que no somos: esto no va de nacionalidades. Hay extranjeros que quieren a este país mejor que muchos de nosotros, que aprendieron el idioma, que le compran al de la esquina y que se aguantan la tambora a las once porque entendieron a dónde llegaron. Y hay mexicanos que vendieron su cuadra sin que nadie los obligara. El problema no es el pasaporte del comprador. Es un modelo.
Un modelo que primero convierte la vivienda en inventario, luego convierte al vecino en un ruido, y al final convierte al lugar en una postal de sí mismo: bonita, ordenada, silenciosa y muerta. Primero se va el vecino. Después el músico. Después la fonda que le daba de comer al músico. Y cuando ya no queda nada de eso, se va también el turista, porque nadie cruza medio mundo para ver un lobby.
Nosotros queremos justo lo contrario, y no por romanticismo: por aritmética. El hotel de doce cuartos en un pueblo de Michoacán emplea gente de ahí, le compra al que baja la fruta del cerro, paga su impuesto de hospedaje en su propio estado y necesita que el pueblo siga siendo un pueblo para tener algo que ofrecer. Su negocio depende de que la identidad del lugar siga viva. Al departamento vaciado le da exactamente igual quién viva alrededor. De hecho, preferiría que no viviera nadie.
Bienvenido el que viene a escuchar la banda. No el que viene a callarla.
¿Que si esto nos cuesta caro? Muchísimo. Somos una compañía joven compitiendo contra plataformas que valen más que el presupuesto anual de varios estados de la República, y arrancamos renunciando a casi un tercio del inventario disponible por una razón que no cabe en ninguna presentación para inversionistas.
Nos han dicho —con buena intención, además— que esto se arregla fácil: que abramos el catálogo ahora, ganemos tamaño y ya después, con músculo, nos pongamos exquisitos. Suena razonable. Es exactamente así como termina uno siendo lo que juró que no iba a ser: nadie cambia de golpe, se cambia por etapas, y cada etapa tiene su buena excusa.
Que quede escrito, entonces, con fecha y firma, para que cualquiera pueda cobrárnoslo después: preferimos ser la plataforma más pequeña de México antes que la que ayudó a vaciarlo. Si algún día abres yaReserva y encuentras departamentos, no habrá comunicado que lo explique. Solo significará que perdimos.
08.La parte incómoda: lo que también pierdes tú
Hasta aquí podría sonar a sermón. Vamos a lo práctico, que es donde de verdad se decide.
Cuando reservas un hotel, reservas una empresa. Con licencia de funcionamiento, con protección civil, con extintores revisados, con salidas de emergencia señaladas, con un seguro de responsabilidad civil, con alguien despierto a las tres de la mañana y con un impuesto de hospedaje pagado al estado que financia, entre otras cosas, la promoción del destino al que fuiste.
Cuando reservas un departamento, reservas la buena voluntad de un particular. Que casi siempre alcanza. Hasta que no.
- Si el anfitrión cancela tres días antes, no hay habitación equivalente que ofrecerte: no hay más habitaciones, había una y era esa.
- Si llegas a las once de la noche y la clave no abre, no hay recepción. Hay un chat.
- Si el detector de humo no existe, nadie lo sabe. Nadie lo revisó nunca.
- Si algo se rompe, la discusión es entre tú y alguien que no está.
- Si te lastimas, la pregunta de quién responde tiene una respuesta muy larga y muy cara.
Y hay una más, la que nadie dice en voz alta: en un hotel, la persona que limpia tu cuarto tiene contrato, seguro social y a quién quejarse. En un departamento gestionado por una aplicación, muchas veces no.
09.Lo que el departamento sí hace bien
Sería deshonesto no decirlo. Si viajan ocho personas y quieren cocinar, una casa completa es mejor que cuatro habitaciones. Si te quedas un mes, una lavadora vale más que un desayuno bufé. Si viajas con niños chiquitos, tener una sala donde no despiertes a nadie es un lujo real.
No fingimos que el alquiler vacacional no resuelve nada. Resuelve. Nuestra posición no es que no sirva; es que su costo no aparece en el precio, y que hay quien lo paga sin haber viajado.
Si de verdad necesitas una casa completa, ve y réntala. Preferimos perder esa reserva a mentirte diciendo que no existe.
10.Nuestra apuesta, dicha sin adornos
Creemos que hay un negocio —no una obra de caridad, un negocio— en ser la plataforma donde solo hay hospedaje que se dedica a hospedar. Donde cada propiedad tiene recepción, licencia y alguien que responde. Donde el hotel de doce cuartos de un pueblo compite con las mismas herramientas que la cadena de trescientos.
Once mil llaves es lo que nos costó la entrada a esa apuesta. No las regalamos por bondad: las dejamos porque un catálogo lleno de departamentos habría hecho imposible la promesa que queríamos hacer.
Preferimos catorce mil setecientas cuarenta y nueve propiedades donde siempre hay alguien, a veintiséis mil de las que once mil dependen de que un particular conteste el teléfono.
11.Lo que te pedimos
No mucho. Que la próxima vez que compares un departamento con un hotel, sumes lo que no aparece en la comparación.
- Que ese hotel paga impuesto de hospedaje en el estado al que fuiste. El departamento, muchas veces, no.
- Que ese hotel emplea gente del lugar con prestaciones.
- Que ese hotel no le quitó su casa a nadie.
- Que si algo sale mal a las tres de la mañana, en el hotel hay alguien despierto.
Y si aun así el departamento te conviene, adelante. De verdad. Solo que ya sabiendo, que es distinto de no saber.
12.Preguntas que nos hacen seguido
Las respondemos aquí porque son las mismas que nos llegan por correo cada semana, y algunas son objeciones buenas de verdad.
¿Es más barato un departamento que un hotel?
A veces sí, sobre todo entre semana y en estancias largas. Pero la comparación honesta se hace con todo puesto: cuota de limpieza, cuota de servicio, depósito, y el hecho de que en el hotel suele venir incluido el desayuno, la toalla de alberca, el agua y alguien que te guarda la maleta si tu vuelo sale a las nueve de la noche. En estancias de dos o tres noches, que es como viaja la mayoría, la diferencia se achica muchísimo y a veces se invierte.
¿Van a vender departamentos algún día?
No está en el plan y no lo tenemos como meta pendiente. El filtro que los excluye no es un ajuste temporal mientras conseguimos hoteles: es parte del diseño del producto, está escrito en el código y se aplica dos veces, al cargar el catálogo y otra vez al mostrarte resultados.
¿Entonces están en contra del alquiler vacacional?
Estamos en contra de un modelo, no de una plataforma ni de la gente que la usa. Que alguien rente el cuarto que le sobra, o su casa mientras sale de vacaciones, nos parece perfectamente sano: eso es economía compartida de verdad. Otra cosa es el fondo de inversión que compra veinte departamentos en una colonia para operarlos como hotel sin serlo, sin licencia, sin protección civil y sin pagar impuesto de hospedaje. Ese es el que vacía las cuadras.
¿Qué hago si necesito cocina o lavadora?
Búscalo en otra plataforma, con toda tranquilidad. También puedes revisar los aparthoteles y las casas de huéspedes que sí tenemos: son operación hotelera formal y muchos traen cocineta, lavandería y tarifas por semana. Pero si de verdad necesitas una casa entera, preferimos decírtelo a fingir que no existe.
¿Los hoteles boutique no gentrifican también?
Es la mejor objeción de todas y la respuesta honesta es: pueden hacerlo. Un hotel mal puesto también encarece una cuadra. La diferencia está en el inventario de vivienda: un hotel se construye o se rehabilita como negocio de hospedaje, mientras que el departamento turístico convierte una casa que ya existía y donde alguien vivía. Uno suma un negocio; el otro resta un hogar. No es una diferencia moral abstracta, es una casa menos en el mercado de renta.
¿Cómo sé que un hospedaje es formal?
Tres señales, y no hace falta ser experto: que tenga recepción con horario, que emita factura a nombre de una empresa, y que el impuesto de hospedaje del estado aparezca desglosado en tu cuenta. Si las tres se cumplen, hay alguien legalmente responsable de tu estancia. Si ninguna se cumple, tu contrato es de palabra.
13.Una última cosa
A alguien le van a parecer muchas palabras para explicar por qué no vendemos algo. Puede ser.
Pero llevamos años oyendo que el mercado decide, como si el mercado fuera el clima y no un montón de decisiones que alguien toma en una sala con café frío. Nosotros tomamos la nuestra un día, con una hoja de cálculo abierta y once mil renglones que borrar.
Ojalá dentro de diez años, cuando alguien camine por una colonia donde todavía haya vecinos, panaderías y niños en la banqueta, esa decisión parezca obvia. Hoy todavía nos cuesta dinero.
Y aun así la volveríamos a tomar mañana. Y pasado. Y el día en que alguien llegue con un cheque grande a pedirnos que la cambiemos.
Porque hay negocios que se construyen para vender y negocios que se construyen para durar, y nosotros ya elegimos cuál queremos ser. Que este país siga sonando a lo que suena. Que las casas sigan siendo casas. Que cuando llegues a un hotel de los nuestros, quien te reciba viva a veinte minutos de ahí y no a veinte horas de vuelo.
Once mil llaves sobre la mesa. Las dejamos ahí y nos fuimos a trabajar.
Orgullosamente mexicanos.
Temas
Sobre el autor
Jorge Sánchez
Fundador yaReserva
Emprendedor tech y viajero. Creó yaReserva para revolucionar cómo México reserva hoteles.
